Los 36 de Lusail: la racha que Arabia Saudí cortó a un partido del récord

El balón le cae a Salem Al Dawsari cerca del vértice del área, se gira con dos argentinos encima y la cruza al ángulo. Minuto 53. En Lusail, donde ese mediodía había muchísima más albiceleste que verde, se hizo un silencio raro: todavía no era enfado, era incredulidad. Argentina llevaba tres años y cuatro meses sin perder un partido de fútbol. Y lo perdía ahí, en el estreno del Mundial, contra el rival que todas las quinielas habían marcado como trámite.
Belo Horizonte, donde empezó todo
Para entender esa racha hay que volver al 2 de julio de 2019. Semifinal de la Copa América, el Mineirão lleno, Brasil 2-0 con goles de Gabriel Jesus y Firmino, y una Argentina que salió del campo convencida de que le habían robado tanto como de que no había jugado bien. Messi se fue hablando del arbitraje y de la organización, y en el partido por el tercer puesto contra Chile acabó expulsado. Aquel 2-1 a los chilenos fue el primero de los 36.
Nadie lo vivió entonces como el arranque de nada. Scaloni era el entrenador provisional que se había quedado, el equipo venía de dos Mundiales sin dar la talla y de tres finales perdidas, y la afición estaba a mitad de camino entre el cariño por Messi y el cansancio de verlo cargar con todo. La racha empezó sin que nadie la anunciara, que es como empiezan casi todas.
Tres años sin conocer la derrota
Lo que vino después se cuenta mejor por escenas que por tablas. En Dortmund, en octubre de 2019, Argentina iba 2-0 abajo contra Alemania y empató con dos chavales a los que casi nadie conocía fuera de casa. Un mes después ganaba 1-0 a Brasil con gol de Messi en Riad, en Arabia Saudí, detalle que tres años más tarde tendría su punto de humor negro.
Luego llegaron las eliminatorias jugadas en estadios vacíos por la pandemia, con esa remontada en La Paz que en cualquier otro ciclo habría sido noticia de portada durante una semana. Y llegó el Maracaná. 10 de julio de 2021: pase largo de Rodrigo De Paul, Di María la pica por encima de Ederson, y Argentina gana una Copa América en Brasil después de veintiocho años sin levantar nada. En el camino, Dibu Martínez había parado tres penaltis a Colombia hablándoles al oído, escena que ya forma parte del folclore.
El invicto siguió creciendo. En Wembley, en junio de 2022, Argentina le pasó por encima a Italia en la Finalissima con un 3-0 que fue casi un ensayo general. Contra la mismísima Italia, propietaria del récord que la albiceleste estaba persiguiendo sin decirlo en voz alta.
La cuenta que faltaba
Los números de la racha son estos: 36 partidos, 25 victorias, 11 empates, ninguna derrota. Dentro, dos títulos. El récord mundial pertenecía a la Italia de Mancini, que estuvo 37 partidos sin perder entre octubre de 2018 y octubre de 2021, hasta que España la ganó 2-1 en la semifinal de la Nations League.
Es decir: a Argentina le faltaba un partido para igualarlo. Uno. Y ese partido era el debut mundialista contra Arabia Saudí, un equipo al que en Buenos Aires se despachaba en la sobremesa con un gesto de la mano.
Los quince minutos que lo cortaron
El guion empezó como estaba escrito. Penalti a los diez minutos, Messi lo cambia por gol, y a partir de ahí Argentina hace tres veces la red y tres veces se le anula por fuera de juego. Ese es el dato que explica el partido mejor que ningún otro: Hervé Renard había montado una línea adelantada suicida y el VAR, con sus líneas milimétricas, le dio la razón una y otra vez. Argentina se fue al descanso 1-0 arriba pero enganchada en una trampa que no había sabido leer.
Volvieron del vestuario y en cinco minutos se acabó todo. Al Shehri en el 48, Al Dawsari en el 53. Después, cuarenta minutos de Argentina lanzándose contra un portero, Al Owais, que sacó manos imposibles y que salió del campo entre aplausos de un estadio que había ido a ver otra cosa.
Tres años sin perder, y la derrota llegó el día que más caro costaba.
Por qué no los rompió
Aquella tarde, en los grupos de WhatsApp de medio país, se dio por muerto el Mundial. Y sin embargo pasó lo contrario. El vestuario salió de Lusail con la sensación de que ya no había nada que administrar: se acabaron el invicto, la etiqueta de favoritos y la posibilidad de dosificar. Contra México, cinco días después, Argentina jugó una final en fase de grupos. Messi la desatascó desde fuera del área y Enzo Fernández la cerró con un gol que todavía se repite en bucle. De ahí en adelante, el equipo no volvió a permitirse un partido tibio: Polonia, Australia, Países Bajos con tanda incluida, Croacia, Francia.
Si aquella derrota hubiera llegado en octavos, hoy estaríamos hablando de otra cosa. Llegó en el primer partido, con margen para reaccionar y con un grupo que llevaba tres años entrenándose para no romperse. Lo que perdieron fue una estadística; lo que ganaron fue el susto a tiempo.
El récord de Italia acabó cayendo, pero no del lado argentino: fue España quien lo superó, y encima ganando la final del Mundial de 2026 a la propia Argentina. Ironías que reparte el fútbol. La racha de los 36 se quedó ahí, a un partido de la historia, guardada en ese cajón de las cosas que casi pasan. A cambio, en la vitrina hay una Copa América, una Finalissima y una tercera estrella. Nadie en Argentina haría el cambio al revés.