Saltar al contenido
Pasión Albiceleste
Fútbol argentino, con el corazón

La camiseta azul del 86 se compró a las apuradas en un negocio de Ciudad de México

· revisado el · claravidal
La camiseta azul del 86 se compró a las apuradas en un negocio de Ciudad de México

A dos días de jugar contra Inglaterra, en la concentración argentina hubo una prueba que no figuraba en ningún planteo: los jugadores se pusieron la camiseta suplente y a los pocos minutos ya se la querían sacar. Era de una tela gruesa, pesada, de esas que apenas transpirás se te pegan al cuerpo y parecen duplicar el peso. En Ciudad de México, a más de dos mil metros de altura, con el partido fijado al mediodía y el sol cayendo derecho sobre el Azteca, esa camiseta era una manta.

Y no había manera de esquivarla. Inglaterra iba de blanco, la albiceleste no podía usarse, y el reglamento mandaba cambiar. O Argentina jugaba unos cuartos de final de Mundial con una camiseta que la iba a cocinar, o alguien salía a resolverlo.

Un dirigente recorriendo negocios en pleno Mundial

El encargado fue Rubén Moschella, hombre de la AFA en aquella delegación. Bilardo lo mandó a la calle con una instrucción simple: camisetas azules, livianas, y que se consigan ya. Moschella se metió en comercios de artículos deportivos de Ciudad de México y volvió con varias opciones sobre la cama. Ninguna era oficial. Ninguna tenía nada que ver con Le Coq Sportif, la marca que vestía a la selección. Eran camisetas de venta al público de una marca mexicana, ABA Sport.

Ahí apareció el detalle que después dio la vuelta al mundo. Entre las opciones había una de un azul más brillante, con un tejido finito, casi de manga corta veraniega. Maradona la miró y dijo que con esa le ganaban a los ingleses. Bilardo, que no era hombre de dejar nada librado al azar, aceptó la elección de su capitán y mandó comprar dos juegos completos.

Escudos cosidos a mano y números pegados

Comprar la camiseta era la mitad del trabajo. Esas prendas venían lisas, sin escudo, sin números, sin nada que las convirtiera en ropa de selección. Los escudos de la AFA se sacaron de otras camisetas y se cosieron a mano, uno por uno, en las horas siguientes. Los números plateados se consiguieron aparte y se pegaron con calor sobre la espalda.

Pensalo un segundo: la camiseta con la que Argentina jugó el partido más recordado de su historia se terminó de armar en una habitación, con aguja, hilo y una plancha. Sin fábrica, sin homologación, sin fotos de prensa. Un trabajo de urgencia que hoy sería impensable en un Mundial lleno de contratos de indumentaria.

Mediodía en el Azteca

El 22 de junio de 1986, con más de cien mil personas en las tribunas y un calor que no daba tregua, Argentina salió de azul brillante. El partido llegaba cargado de cosas que no eran fútbol: hacía cuatro años de Malvinas y en el vestuario todos sabían perfectamente contra quién estaban jugando, por más que en las notas se dijera lo contrario.

El primer tiempo terminó 0 a 0. Después, en cinco minutos, pasó todo. A los 51, Maradona saltó con Shilton y metió la mano. A los 55, agarró la pelota en su propio campo y arrancó una gambeta de poco más de diez segundos que dejó en el camino a cinco ingleses y al arquero. Lineker descontó a los 81 y ya no alcanzó. Dos a uno, y a semifinales.

Los dos goles, el ilegal y el sublime, se hicieron con la misma camiseta comprada a las apuradas en un negocio.

La camiseta, en números

DatoDetalle
PartidoArgentina 2 – Inglaterra 1, cuartos de final
Fecha y cancha22 de junio de 1986, Estadio Azteca
MarcaABA Sport, mexicana, sin vínculo con la selección
Goles de Maradona51′ y 55′
Veces que se usó en el MundialUna sola
Subasta de la camiseta del segundo tiempoSotheby’s, mayo de 2022, 7,1 millones de libras

Se usó una vez y nunca más

Lo curioso es que esa camiseta no volvió a aparecer en el torneo. En semifinales contra Bélgica y en la final contra Alemania, Argentina jugó de albiceleste. El azul de ABA Sport tuvo noventa minutos de vida deportiva y se convirtió, con esos noventa minutos, en la prenda de fútbol más buscada del planeta.

Maradona se cambió en el entretiempo, así que hubo dos camisetas esa tarde. La del segundo tiempo, la de los dos goles, se la quedó Steve Hodge, el volante inglés que la cambió con él al terminar el partido. Hodge la tuvo guardada años, la prestó a un museo de Manchester para que estuviera en exhibición, y en mayo de 2022 la puso en subasta. Sotheby’s la vendió por 7,1 millones de libras, cifra récord para una pieza de memorabilia deportiva. El comprador no dio la cara.

La venta trajo su propia discusión. Desde el entorno familiar de Maradona salieron a decir que la que estaba en subasta era la del primer tiempo y que la de los goles seguía en Argentina. La casa de subastas contestó con un análisis fotográfico comparando pliegues, costuras y desgaste imagen por imagen, y sostuvo que la prenda vendida era la del segundo tiempo.

La discusión sigue abierta en las dos veredas. Lo que nadie discute es de dónde salió: de un negocio cualquiera de Ciudad de México, elegida por el capitán entre varias opciones tiradas sobre una cama, con el escudo cosido a mano por urgencia y unos números plateados pegados con plancha unas horas antes del partido más importante que jugó la selección.

La camiseta azul del 86 se compró a las apuradas en un negocio de Ciudad de México
Unknown authorUnknown author, Public domain, vía Wikimedia Commons