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Independiente, el Rey de Copas: siete Libertadores y nadie que lo alcance

· revisado el · claravidal
Independiente, el Rey de Copas: siete Libertadores y nadie que lo alcance

Roma, 28 de noviembre de 1973. La final intercontinental se juega a un solo partido porque el Ajax, campeón de Europa, no quiso viajar, así que del otro lado está la Juventus. Faltan diez minutos y un pibe flaquito de Zárate, de diecinueve años, tira una pared con Daniel Bertoni, entra al área y se la pasa por al lado a Dino Zoff, que no llega. Ricardo Bochini acaba de hacer campeón del mundo a Independiente.

Esa noche el club de Avellaneda ya tenía cuatro Libertadores. Iba a sumar dos más en los dos años siguientes y la séptima en 1984. Pasaron más de cuarenta años y ese número sigue arriba de todos en la tabla del torneo. Acordate de eso cuando escuches lo de «Rey de Copas»: no es una chicana de hincha.

1964: el primero que la trajo para acá

Antes de Independiente, la Libertadores era cosa de uruguayos. Peñarol ganó las dos primeras, Santos de Pelé las dos siguientes, y ningún club argentino había llegado a levantarla. En 1964 el Rojo empató 0 a 0 con Nacional en el Centenario y en la vuelta, en Avellaneda, le ganó 1 a 0 con gol de Mario Rodríguez. Fue el primer club argentino campeón de América.

Al año siguiente repitió, y contra Peñarol, que era el rival más pesado del continente. Ganó 1 a 0 en casa, perdió 3 a 1 en Montevideo y la cosa se definió en un desempate en Santiago de Chile: 4 a 1 para Independiente. Dos copas en dos años. Parecía mucho, pero era solo el ensayo.

Del 72 al 75: cuatro finales y cuatro vueltas olímpicas

Lo que vino en los setenta todavía no lo igualó nadie. Cuatro Libertadores seguidas, y casi ninguna fácil. Mirá cómo se definieron:

Año Rival en la final Cómo se definió
1972 Universitario (Perú) 0-0 en Lima y 2-1 en Avellaneda
1973 Colo-Colo (Chile) Desempate en Montevideo, 2-1 en tiempo extra
1974 São Paulo (Brasil) Desempate en Santiago, 1-0 de penal de Pavoni
1975 Unión Española (Chile) Desempate en Asunción, 2-0

Tres de las cuatro necesitaron un tercer partido en cancha neutral. Ese equipo no pasaba por arriba a nadie: aguantaba. Perdía en la ida, daba vuelta la serie en Avellaneda y después ganaba el desempate con la cabeza fría. Es la marca de un plantel que sabía jugar finales mejor que cualquiera.

Hay que decir también que el formato ayudaba. En esos años el campeón vigente entraba directo a la fase semifinal, así que defender el título exigía menos partidos que ganarlo de cero. Pero ese beneficio lo tenían todos los campeones de la época, y solo uno lo convirtió en cuatro copas al hilo.

Los que se pusieron la camiseta roja

El nombre que más dice de esa racha es el de Francisco «Pancho» Sá. Defensor, jugó las cuatro finales con Independiente y después se fue a Boca, donde ganó las de 1977 y 1978. Seis Libertadores como jugador: nadie tiene más.

Al lado de él estaba el uruguayo Ricardo Pavoni, el lateral izquierdo que pateó el penal del 74 en Santiago. Atrás, Miguel Ángel Santoro, el arquero que ya había estado en las copas de los sesenta. Adelante, Eduardo Maglioni, que hizo los dos goles de la vuelta contra Universitario en el 72, y Daniel Bertoni, que en el 75 marcó en el desempate de Asunción y tres años después iba a gritar un gol en la final del Mundial.

Y en el medio, Bochini. El Bocha debutó en 1972 y seguía en la cancha en 1984. Fue el hilo que atravesó las dos épocas grandes del club, y el que más tarde le dio nombre a una forma de jugar que todo el fútbol argentino reconoce: la pausa, el pase que nadie ve, el gol que parece fácil porque lo hizo él.

1984: Burruchaga en Porto Alegre

La séptima llegó con José Omar Pastoriza en el banco, que había sido capitán del equipo en los setenta. Final contra Grêmio, que venía de ser campeón. En la ida, en el Olímpico de Porto Alegre, Jorge Burruchaga metió el 1 a 0. En la vuelta, 0 a 0 en Avellaneda y a festejar. Unos meses después, en Tokio, Independiente le ganó 1 a 0 al Liverpool con gol de José Percudani y volvió a ser campeón del mundo.

Nadie en Avellaneda imaginaba que esa iba a ser la última.

Boca a una, Peñarol a dos

Desde entonces, varios se fueron acercando. Así está arriba la tabla de campeones:

Club Libertadores Última
Independiente 7 1984
Boca Juniors 6 2007
Peñarol 5 1987
Estudiantes 4 2009
River Plate 4 2018

Boca es el que estuvo más cerca. Con Carlos Bianchi ganó la de 2000, la de 2001 y la de 2003, y en 2007 Riquelme se cargó al Grêmio en la final para llegar a seis. Desde ahí jugó tres finales más (2012, 2018 y 2023) y las perdió todas. La de 2018, contra River en Madrid, todavía duele en la Bombonera. A Boca le falta una para empatar y dos para pasar, y cada vez que llega a una final en Avellaneda se prende la radio para escuchar.

Peñarol se quedó en cinco desde 1987 y los clubes uruguayos perdieron peso frente a los brasileños, que hoy ganan la copa con presupuestos que en el fútbol argentino no existen.

Qué le pasó al Rojo

La caída no fue de un día. En los noventa y los dosmil Independiente tuvo buenos momentos, pero las deudas fueron creciendo y el club vendió a sus mejores pibes cada vez más temprano. En 2013 tocó fondo: descendió por primera vez en su historia. Volvió al año siguiente, pero con un pasivo que condicionó todo lo que vino después, incluidos los años de la presidencia de Hugo Moyano, con inhibiciones, sueldos atrasados y planteles armados a las apuradas.

En el medio hubo alegrías. La Sudamericana de 2010 contra Goiás y la de 2017, ganada en el Maracaná contra Flamengo, le recordaron al continente que el Rojo sabía jugar de visitante en las noches grandes. En la Libertadores de 2018 llegó a cuartos y lo eliminó River. Ese fue su techo reciente.

Y así está la cosa: siete copas en una vitrina que no recibe ninguna desde hace cuarenta y dos años, un récord que Boca mira de cerca, y una hinchada que sabe de memoria la pared de Bochini con Bertoni en Roma. Cada vez que el Rojo vuelve a la Libertadores, alguien en la tribuna saca la cuenta de cuánto falta para la octava.