River y Boca: el historial del Superclásico, sin trampas de bar

Minuto 121 en el Santiago Bernabéu. Boca se había ido entero al córner, Andrada incluido, porque quedaban segundos y no había otra. La pelota rebotó, salió mal, y Gonzalo Martínez la agarró cerca del círculo central con sesenta metros de césped vacío por delante. Corrió solo. Nadie lo alcanzó. Cuando la empujó dentro de una portería sin nadie, el 9 de diciembre de 2018, la final de la Copa Libertadores se había terminado a cuatro mil kilómetros del Riachuelo y la discusión de bar más vieja del fútbol argentino sumaba un capítulo que ya nadie iba a poder borrar.
Y sin embargo la discusión sigue igual de rota que siempre. Porque cada vez que dos hinchas se sientan a contar el historial del Superclásico, aparecen dos cuentas distintas y las dos suenan convincentes.
Por qué nunca cuadran los números
El primer clásico oficial entre los dos se jugó el 24 de agosto de 1913, en plena era amateur, y lo ganó Boca 2-1. Desde entonces han pasado más de cien años de campeonatos, copas nacionales, torneos que hoy no recuerda ni el que los jugó, giras por Europa, veranos en Mar del Plata y amistosos organizados a beneficio de vaya usted a saber qué.
Ahí está la primera trampa, y es la más grande de todas: los amistosos. River y Boca se han enfrentado cientos de veces fuera de competición. Partidos de pretemporada, torneos de verano, homenajes, exhibiciones en el extranjero. Si los metes en la bolsa, el total se dispara y el que va ganando cambia según qué partidos incluyas. Por eso, cuando alguien llega al bar con una cifra redonda y muy alta, casi siempre está contando veranos.
La segunda trampa es más sutil: ni siquiera hay acuerdo sobre qué cuenta como oficial. La era amateur, las copas nacionales antiguas, los torneos que la AFA reconoce y los que no. Los propios clubes manejan totales que no coinciden entre sí, y cada uno tiene argumentos para defender el suyo. No es mala fe de nadie: es un siglo de fútbol mal archivado.
Lo que sí se sostiene
Con todas las salvedades del mundo, hay una foto que aguanta cualquier criterio razonable: en partidos oficiales pasan holgadamente de los doscientos cincuenta enfrentamientos, Boca va por delante y va por delante por muy poco. Hablamos de un puñado de victorias de diferencia sobre un siglo de partidos. Nada que justifique sacar pecho durante tres horas.
El otro dato que casi nadie mete en la conversación es el de los empates: rondan un tercio de todos los clásicos. Uno de cada tres Superclásicos termina sin ganador. Eso explica bastante bien por qué la ventaja histórica nunca se abre, y por qué el que va perdiendo la cuenta general siempre encuentra la manera de decir que están igualados.
El desempate está en las copas
Si el historial general no resuelve nada, hay una tabla mucho más pequeña y mucho más brutal: las veces que se han cruzado mano a mano en un torneo internacional, con eliminación de por medio. Son seis. Seis cruces en los que uno seguía y el otro se iba a casa.
- Libertadores 2000, octavos. Se resolvió desde los once metros en el Monumental. Pasó Boca, y aquel equipo terminó levantando la Copa.
- Libertadores 2004, semifinal. Otra vez tanda, otra vez Boca. La eliminatoria del festejo de Tevez que todavía se recuerda en los dos lados de la ciudad.
- Sudamericana 2014, semifinal. Pasó River, y también acabó ganando el título.
- Libertadores 2015, octavos. River ganó la ida y la vuelta se suspendió en el entretiempo por el gas pimienta en la manga del túnel de la Bombonera. La CONMEBOL descalificó a Boca. River siguió hasta ganar la Copa.
- Libertadores 2018, final. La única final entre los dos.
- Libertadores 2019, semifinal. River ganó 2-0 en casa, perdió 1-0 en la Bombonera y pasó por 2-1 en el global.
Cuatro para River, dos para Boca. Ahí sí hay un ganador claro del mano a mano, y ahí es donde el hincha de River cambia de tema cuando se habla del historial general, y donde el de Boca cambia de tema cuando se habla de copas.
Qué pasó de verdad en Madrid
La final de 2018 se cuenta mal casi siempre, así que conviene ordenarla. La ida se jugó el 11 de noviembre en la Bombonera y terminó 2-2. La vuelta estaba fijada para el 24 de noviembre en el Monumental, y no se jugó: el autobús de Boca fue apedreado camino del estadio, hubo jugadores afectados por los cristales y el gas, y el partido se aplazó dos veces en dos días entre reuniones, presiones y un vestuario que no estaba en condiciones de salir a jugar una final.
La CONMEBOL acabó llevándose el partido fuera de Argentina y lo puso en el Bernabéu el 9 de diciembre. Boca se adelantó con Benedetto, Pratto empató en la segunda parte y los noventa minutos terminaron 1-1. En la prórroga apareció Quintero con un derechazo desde fuera del área y, ya en el 121, llegó la carrera del Pity hacia la portería vacía. 3-1 en Madrid, 5-3 en el global.
Es decir: la final no se decidió en Madrid porque a alguien le apeteciera jugar en Europa, y tampoco fue un partido regalado. Fue un 2-2 en la Bombonera y una prórroga en campo neutral. Los dos puntos que suelen desaparecer cuando el clásico se cuenta a gritos.
La cuenta que queda
Sumando todo: en el historial oficial manda Boca por muy poco, en los cruces internacionales manda River cuatro a dos, en Libertadores el palmarés es de seis a cuatro para Boca, y en títulos intercontinentales, tres a uno también para Boca. En la liga argentina, River acumula más campeonatos.
Cada uno tiene su tabla favorita, y todas son verdad. Lo único que no vale es sumar los veranos de Mar del Plata.